BERESHIT: ¿ESTAMOS FORMANDO SERES HUMANOS?

Shabbat Mevarchim – El Shabbat que Bendice el

nuevo mes.

Parashá Bereshit
Lectura: Génesis 1:1 – 6:8

“En el principio creó D-s los cielos y la tierra.”

(Génesis 1:1)

Cada año volvemos a leer Bereshit. Y cada año descubrimos algo nuevo.

Muchos leen esta porción preguntándose cómo fue creada la luz, cómo aparecieron los mares o cómo comenzó la vida. Sin embargo, al observar el mundo que nos rodea, me parece que la pregunta más urgente no es cómo fue creado el mundo.

La pregunta es:

¿Qué significa ser humano?

Vivimos en una generación que posee más tecnología que cualquier otra en la historia y, sin embargo, parece caminar cada vez más distante los unos de los otros, absorbida por la individualidad y el ruido constante de un mundo hiperconectado.

Tenemos más comunicación que nunca, pero menos conversación.

Más contactos, pero menos amistades.

Más pantallas, pero menos miradas.

Más información, pero menos sabiduría.

Y es precisamente allí donde Bereshit vuelve a hablarnos.

El mundo fue creado con palabras

La Torá repite una frase una y otra vez:

“Y dijo D-s…”

Y entonces apareció la luz.

Y aparecieron los cielos.

Y apareció la tierra.

La creación comenzó con una voz.

No con violencia.

No con fuerza.

No con armas.

Con palabras.

La primera enseñanza de Bereshit es que las palabras crean realidades.

Una palabra puede levantar a una persona abatida.

Una palabra puede destruir años de confianza.

Una palabra puede inspirar una generación.

Si el Creador utilizó la palabra para ordenar el universo, ¿qué estamos haciendo nosotros con las nuestras?

Quizás nunca ha sido tan importante enseñar a nuestros hijos a hablar con respeto, escuchar con atención y utilizar las palabras para construir en lugar de destruir.

Fuimos creados a imagen y semejanza de D-s

Esta es una de las afirmaciones más revolucionarias de toda la Torá.

El ser humano no fue creado por accidente.

No fue creado para simplemente existir.

Fue creado “a imagen y semejanza” de su Creador.

Esto no significa una semejanza física.

Significa potencial.

Capacidad para amar.

Para crear.

Para elegir.

Para cuidar.

Para asumir responsabilidad.

Cada ser humano posee una dignidad que no depende de su riqueza, de su posición social ni de sus logros.

Por eso resulta tan doloroso observar una sociedad que muchas veces parece haber olvidado el valor inmenso de la persona humana.

La gran confianza del Creador

Hay algo que siempre me conmueve en Bereshit.

D-s creó el mundo entero.

Los mares.

Las montañas.

Los animales.

Los árboles.

Las semillas.

Y luego entregó todo aquello al ser humano.

El hecho más extraordinario no es solamente que creó el mundo.

Lo extraordinario es que haya confiado ese mundo a nuestra administración.

Nos convirtió en guardianes de Su creación.

No propietarios absolutos.

No dueños.

Guardianes.

La pregunta entonces es inevitable:

¿Estamos cuidando el mundo que se nos confió o simplemente lo estamos consumiendo?

La semilla: una lección para nuestra generación

Al leer Bereshit llama la atención la insistencia de la Torá:

“Según su especie.”

“Con su semilla en él.”

La semilla aparece una y otra vez.

¿Por qué?

Porque la semilla representa el futuro.

Representa continuidad.

Representa herencia.

Representa la posibilidad de una próxima generación.

Cuando camino por los supermercados modernos observo cada vez más productos anunciados como “sin semilla”.

No pretendo entrar aquí en debates agrícolas, comerciales o científicos.

Sin embargo, el simbolismo me hace reflexionar.

La Torá pone el foco en la semilla.

En aquello que permite continuar la vida.

En aquello que garantiza que lo recibido pueda ser transmitido.

Y quizás la pregunta más profunda no sea solamente qué sucede con las semillas de los árboles.

Quizás debamos preguntarnos:

¿Qué está ocurriendo con las semillas espirituales que transmitimos a nuestros hijos?

¿Qué valores les estamos dejando?

¿Qué principios heredarán?

¿Qué sembramos cada día en sus corazones?

Los valores también son semillas.Las palabras también son semillas.Los actos de bondad también son semillas.

La crisis silenciosa de nuestra época

Hace poco conversaba con un taxista.

Me comentó algo que me hizo pensar.

Decía que muchos bebés, apenas lloran, reciben inmediatamente un teléfono celular en sus manos.

La tecnología es una herramienta extraordinaria.

Pero ninguna pantalla puede reemplazar una voz amorosa.

Ninguna aplicación puede reemplazar un abrazo.

Ningún video puede reemplazar la presencia de una madre o un padre.

Los niños descubren quiénes son cuando alguien les habla.

Cuando alguien los escucha.

Cuando alguien les enseña.

Cuando alguien les dice:

“Estoy aquí.”

“Te amo.”

“Eres importante.”

Quizás por eso el mundo comenzó con una voz.

Porque la voz crea vínculos.

La voz forma personas.

El hombre y la mujer: ayuda opuesta

La Torá declara:

“No es bueno que el hombre esté solo.”

Qué sorprendente.

En un universo donde todo parecía perfecto, D-s identifica algo que no es bueno.

La soledad.

Entonces crea una “ayuda opuesta”.

No una sirvienta.

No una subordinada.

No una copia idéntica.

Sino alguien capaz de acompañar, complementar, fortalecer e incluso desafiar cuando sea necesario.

La verdadera unión no consiste en ser iguales.

Consiste en caminar juntos hacia un propósito compartido.

La familia aparece en la Torá antes que cualquier reino, institución o sistema económico.

No es un detalle menor.

Es una enseñanza.

El error de Adán y Eva

Después de comer del árbol prohibido ocurre algo profundamente humano.

Adán culpa a Eva.

Eva culpa a la serpiente.

Nadie asume plenamente su responsabilidad.

Miles de años después seguimos haciendo exactamente lo mismo.

Culpamos a los gobiernos.

A nuestros padres.

A la sociedad.

A las circunstancias.

Pero la madurez comienza cuando podemos decir:

“Me equivoqué.”

“Lo siento.”

“Debo corregirlo.”

Una de las grandes enseñanzas de Bereshit es que la responsabilidad personal es el comienzo del crecimiento espiritual.

Caín y Abel: la lucha interior

Antes de que Caín cometa el primer asesinato, D-s le advierte:

“El pecado está agazapado a la puerta, pero tú puedes dominarlo.”

Qué mensaje tan poderoso para el mundo moderno.

La Torá reconoce la existencia de la ira.

De los celos.

Del resentimiento.

De la frustración.

Pero enseña algo fundamental:

No estamos obligados a obedecer nuestras emociones.

Tenemos la capacidad de dominarlas.

La libertad humana no consiste en hacer todo lo que sentimos.

Consiste en elegir lo correcto incluso cuando sentimos lo contrario.

Caminar con D-s

Entre los personajes de Bereshit aparece Enoch

Y de él se dice algo extraordinariamente sencillo:

“Y caminó Enoch con D-s.”

No dice que construyó grandes monumentos.

No dice que conquistó territorios.

No dice que acumuló riquezas.

Dice que caminó con D-s.

Siempre he explicado esta idea de una manera simple.

Cuando mi hijo era pequeño le preguntaba:

“¿Cómo te comportarías si el director del colegio caminara a tu lado todo el día?”

Él me describía cómo hablaría, cómo caminaría y cómo actuaría.

Entonces le decía:

“Eso es caminar con D-s.”

Vivir con conciencia.

Hablar con conciencia.

Actuar con conciencia.

Saber que nuestras decisiones importan.

La pregunta que Bereshit nos deja

Tal vez la gran pregunta de esta parashá no sea cómo fue creado el mundo.

Tal vez la verdadera pregunta sea:

¿Estamos formando seres humanos?

Hemos aprendido a construir máquinas extraordinarias.

Pero no siempre sabemos formar corazones.

Hemos conectado continentes enteros.

Pero a veces hemos perdido la conexión con quienes se sientan a nuestra mesa.

Hemos conquistado el conocimiento.

Pero seguimos luchando con la responsabilidad, la humildad y el amor.

Bereshit nos recuerda que el primer proyecto entregado al ser humano no fue una empresa.

No fue un imperio.

No fue una tecnología.

Fue una relación.

Una familia.

Una misión.

El mismo D-s que dijo: “Sea la luz” confió Su creación a nuestras manos.

Y cada generación debe decidir qué hará con ese regalo.

Quizás el desafío de nuestra época sea volver a descubrir quiénes somos, recordar para qué fuimos creados y aprender nuevamente a caminar con D-s en medio de un mundo lleno de ruido.

Porque cuando el ser humano recuerda su propósito, también comienza a iluminar el mundo. 

 

 

Leave a Reply