Shoftim: El Arte del Liderazgo, la Justicia y la Humanidad en Tiempos de Conflicto

“Justicia, justicia perseguirás.” (Deuteronomio 16:20)

El liderazgo, la verdad y la integridad frente a la manipulación moderna.

La parashá Shoftim establece la arquitectura social y ética del pueblo de Israel. En ella se enumeran los cuatro pilares del liderazgo: el juez, el rey, el sacerdote y el profeta. A través de sus versículos, la Torá nos advierte sobre los peligros de la idolatría, el ocultismo y los falsos rumores, mientras regula la guerra, preserva la vida humana y establece un sistema judicial con garantías estrictas.

1. La Justicia y la Elección de Autoridades

Se ordena la designación de jueces (Shoftim) y oficiales (Shotrim) en cada ciudad para garantizar una justicia imparcial.

“No torcerás el derecho, no harás acepción de personas, ni admitirás soborno; porque el soborno ciega los ojos de los sabios y pervierte las palabras de los justos. La justicia, la justicia seguirás, para que vivas y poseas la tierra que el Eterno tu Dios te da.” (Deuteronomio 16:19-20)

¿Quién los elige?

Las autoridades locales eran nombradas con la participación y el consenso de la comunidad de cada tribu.

La Condición del Gobernante: Identidad, Raíces y la Deuda Moral con el Creador

En la parashá Shoftim, la Torá establece una salvaguarda indispensable para la supervivencia de una nación:

Pondrás por rey sobre ti al que el Eterno tu Dios escogiere; de entre tus hermanos pondrás rey sobre ti; no podrás poner sobre ti a un hombre extranjero, que no sea tu hermano.” (Deuteronomio 17:15)

Esta restricción no nace del prejuicio, sino de una profunda sabiduría sobre la condición humana y el ejercicio del poder. ¿Qué significa realmente para una ciudad o una nación elegir a sus gobernantes? Significa confiarles la vida, la justicia, la defensa de la verdad y el destino moral de la comunidad.

Cuando el texto bíblico exige que el líder sea “de entre tus hermanos”, demanda dos condiciones innegociables:

1. Un Destino Compartido: Un gobernante debe ser alguien cuyas raíces, historia y lealtad estén indisolublemente ligadas a la tierra y al pueblo que pretende dirigir. Quien no ha crecido con el dolor, la herencia y las pruebas de una nación, difícilmente sentirá el dolor del ciudadano cuando la violencia o la injusticia lo golpeen.

2. Subordinación a la Ley Divina: El rey debía escribir para sí una copia de la Torá y leerla todos los días de su vida para aprender a temer al Creador, garantizando que jamás se sintiera por encima de la Ley ni pervirtiera el derecho.

El Colapso del Liderazgo Moderno: Conveniencias y Alianzas Prohibidas

Lo que presenciamos en el escenario global actual —desde el parlamento israelí hasta los gobiernos locales en Estados Unidos o las instituciones legislativas en Sudamérica— es una absoluta desatención a este mandato ancestral:

 El Silencio Ante la Violencia: En legislaturas donde se dictan las leyes que rigen la vida de los ciudadanos, vemos representantes que guardan un silencio cómplice ante ataques desalmados contra civiles inocentes —hombres, mujeres, ancianos y niños—. Cuando un líder calla ante el derramamiento de sangre indefensa por afinidad ideológica o nacionalista, quiebra el pacto sagrado de la justicia y pisotea la dignidad humana.

 Alianzas por Conveniencia Política: Vemos la llegada al poder de figuras recién asentadas que, desconociendo o despreciando los fundamentos morales y espirituales de una sociedad, buscan el voto fácil aliándose con agendas que le dan la espalda al Creador y a los valores éticos esenciales. Se negocia la moral por votos, y se entrega la conducción de las ciudades a quienes no tienen un compromiso real con la fe ni con la integridad del pueblo.

 El Arraigo Acelerado sin Lealtad Moral: En diversas partes del mundo se otorgan cargos de altísima responsabilidad representativa a personas con apenas unos años de residencia, sin haber demostrado una verdadera integración, empatía o lealtad histórica con la tierra que los acoge.

La Advertencia de Moisés al Pueblo:

Si la voz del liderazgo bíblico se levantara hoy ante las congregaciones y las naciones, su llamado resonaría sin ambigüedades:

“¿Cómo pretendéis que cuide de vuestra casa quien no la ama como hermano? ¿Cómo esperáis justicia de quien no teme al Creador ni respeta la vida del inocente? Habéis cambiado la sabiduría de la Ley por la conveniencia del momento, entregando el bastón de mando a extraños que pactan con la inmoralidad para obtener poder. Si el gobernante no lleva la Ley en su corazón ni comparte vuestra sangre y vuestro destino, vuestra ciudad caerá en la confusión y vuestros derechos serán pervertidos.”

2. La Abominación del Ocultismo: El Colapso Espiritual en el Liderazgo

En Shoftim, la Torá no sugiere ni matiza; proscribe categóricamente todo el abanico de las artes ocultas:

No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos. Porque es abominación para con el Eterno cualquiera que hace estas cosas.” (Deuteronomio 18:10-12)

La advertencia no es casual. En los tiempos antiguos, los reyes y pueblos vecinos buscaban en la brujería, la adivinación y los sortilegios una vía rápida para manipular el destino, obtener poder o someter a otros sin pasar por el filtro de la rectitud moral.

Hoy, en pleno siglo XXI, presenciamos el mismo fenómeno en una escala alarmante. Gobernantes, empresarios, políticos y ciudadanos acuden a la hechicería y al espiritismo buscando control e influencias oscuras. Sin embargo, la traición más dolorosa no proviene de los incautos que jamás abrieron una Escritura, sino de quienes ejercen roles de liderazgo en las congregaciones. Resulta devastador ver a líderes religiosos —quienes deberían ser faros de santidad y fe en el Creador— descendiendo a las mismas prácticas paganas de manipular energías, atar voluntades o consultar lo prohibido.

Incluso el profeta Ezequiel denunció con amargura esta degradación cuando el Creador expuso a quienes pretendían cazar las almas del pueblo mediante artificios ocultos:

«Así ha dicho el Eterno: ¡Ay de aquellas que cosen vendas mágicas para todas las manos, y hacen velos mágicos para la cabeza de toda edad, para cazar las almas! ¿Habéis de cazar las almas de mi pueblo, para mantener así vuestra propia vida?» (Ezequiel 13:18)

La Torá recuerda al pueblo que la relación con el Eterno se basa en la confianza y la integridad (Tamim tehiye im Hashem Eloheja — “Perfecto e íntegro serás delante del Eterno tu D-s”). Acudir a las sombras para manipular la vida de los demás, o para buscar atajos de poder, es la renuncia absoluta a la fe verdadera. Quien lidera en el nombre de D-s pero recurre al ocultismo profana el Santuario y pervierte su llamado.

3. La Calumnia y la Difamación: El Veneno de la Lengua y el Juicio Escrupuloso

El pilar donde la Torá exige una severidad infranqueable es la protección del honor y la verdad frente a la calumnia y el falso rumor (Lashón Hará).

La Torá establece un principio judicial estricto antes de emitir cualquier dictamen o dar crédito a una acusación:

Si se levantare testigo falso contra alguno… entonces los jueces inquisidores indagarán bien; y si aquel testigo resultare falso, y hubiere acusado falsamente a su hermano, haréis con él como él pensó hacer con su hermano; y quitarás el mal de en medio de ti.” (Deuteronomio 19:16-19)

Un solo testigo no tiene validez para condenar a nadie. Se requiere la indagación minuciosa, el contraste de pruebas y la declaración coherente de dos o tres testigos imparciales.

La realidad contemporánea muestra una dolorosa desviación de esta norma. En lo que muchos llaman el “día de reunión”, se ha vuelto una costumbre impune utilizar el espacio sagrado no para edificar, sino para murmurar y destruir la honra del ausente. Personas con ropajes de piedad dispersan rumores sin verificación, juzgando y condenando sin haber realizado una investigación escrupulosa.

Esta traición cala hasta lo más profundo del alma. Es la misma experiencia de quebranto que expresó el Rey David cuando escribió:

Porque no me afrentó un enemigo, lo cual habría soportado… Sino tú, hombre, al parecer íntimo mío, mi guía, y mi familiar; que juntos comunicábamos dulcemente los secretos, y andábamos en amistad en la casa de Dios.” (Salmo 55:12-14)

Y es el mismo dolor que reflejan las Escrituras al recordar cómo, en los momentos de prueba, incluso la propia carne y los más allegados pueden dar la espalda por complacer al rumor o al juicio apresurado.


Reflexión para el presente:

En la era de la tecnología instantánea, un rumor falso se propaga en segundos, arruinando reputaciones, honor, familias y vidas inocentes sin haber pasado jamás por el filtro de la verdad.

La Torá no deja impune la calumnia: al aplicar la ley de la reciprocidad, enseña que inventar una mentira contra un hermano es equivalente a querer infligirle ese mismo daño con tus propias manos. Retomar el mandato de la investigación escrupulosa y erradicar la difamación de nuestras comunidades no es una sugerencia procedimental; es una exigencia de supervivencia moral frente a la cultura del linchamiento mediático.

4. El Profeta: Agente de Esperanza, No de Fatalismo

Históricamente, los profetas (desde Samuel hasta el periodo del Segundo Templo) confrontaban al poder. Hablaban al rey con valentía, cuestionaban sacerdotes y reprendían a la sociedad sin temor a la censura.

Para distinguir a un verdadero profeta de un adivino o un catastrofista:

 Un adivino o astrólogo pretende predecir un destino inevitable.

 Un verdadero profeta no predice para que algo ocurra, sino para advertir y evitar la tragedia (como en la historia de Jonás en Nínive).

Si una predicción de castigo se cumple, la profecía falló en su propósito transformador; si el pueblo rectifica y el castigo no llega, la profecía triunfó. El verdadero profeta es un agente de cambio y esperanza.

Esto revela una verdad suprema: el Eterno es bueno y ama entrañablemente a Su creación. Él no envía al profeta para condenar, sino por misericordia, ofreciendo siempre una salida antes del juicio. Así lo entendió Jonás cuando, abrumado, confesó al Creador la razón de su huida inicial a Nínive:

“Yo sabía que Tú eres un Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte y de grande misericordia” (Jonás 4:2).

Jonás sabía que el aviso no era una sentencia de muerte, sino la manifestación del amor divino buscando el perdón y la restauración de las personas. El verdadero profeta es, en esencia, un agente de la bondad y la esperanza del Eterno.

5. Las Ciudades de Refugio (Arei Miklat)

Para proteger al homicida involuntario de la venganza de los familiares de la víctima, la Torá ordena la creación de seis Ciudades de Refugio (tres a cada lado del río Jordán), conectadas por caminos señalizados y despejados.

Sustento e impacto histórico:

El concepto bíblico de las Arei Miklat es el antecedente histórico directo del derecho de asilo en el derecho internacional contemporáneo. El concepto moderno de “ciudades santuario” o zonas de refugio (utilizadas en diversos países para la protección humanitaria de personas perseguidas) se inspira en esta misma lógica: garantizar el debido proceso y proteger la vida frente a la violencia arbitraria.

6. La Ética de la Guerra y las Ofertas de Paz

Incluso en el contexto bélico, la Torá impone límites estrictos que conmueven por su sensibilidad humana:

 Oferta de paz obligatoria: Antes de entablar combate contra una ciudad, es obligatorio ofrecer condiciones de paz (Deuteronomio 20:10).

 Exenciones militares: Quedan exentos de ir a la batalla quienes acaban de construir una casa, plantar una viña, comprometerse en matrimonio, o aquellos cuyo corazón es temeroso o débil, para no contagiar de desánimo a las tropas.

 Preservación de la naturaleza: Está prohibido talar los árboles frutales en un sitio de guerra. “¿Acaso el árbol del campo es un hombre para que marche contra ti en el sitio?” (Deuteronomio 20:19).

Perspectiva actual:

En un mundo convulso —donde conflictos desgarradores como la guerra entre Rusia y Ucrania muestran ofertas de rendición percibidas como ultimátums— la Torá nos recuerda que la verdadera diplomacia no busca el sometimiento desmedido, sino una paz justa que respete la vida humana y preserve los recursos para las generaciones futuras.

7. La Responsabilidad Comunitaria y la Valoración de la Vida

La parashá concluye con el rito de la Eglá Arufá (la becerra desnucada). Cuando se hallaba a una persona asesinada en el campo y se desconocía al culpable, los ancianos de la ciudad más cercana debían lavar sus manos y declarar:

“Nuestras manos no han derramado esta sangre, ni nuestros ojos lo han visto. Perdona a Tu pueblo Israel…” (Deuteronomio 21:7-8)

Los sabios explican que esta declaración no era una evasiva, sino una asunción de responsabilidad: la comunidad debía certificar que no había dejado ir a esa persona sin alimento, refugio o protección.

En nuestras ciudades actuales, donde la tecnología registra altos índices de criminalidad pero a menudo no evita la impunidad, este precepto exige un compromiso profundo. La sociedad entera y sus centros de culto no pueden ser indiferentes ante la pérdida de una vida. Nos recuerda que la seguridad, la verdad y el valor sagrado de la vida humana son una responsabilidad compartida por toda la comunidad.