PARASHA BALAK

14 Tamuz, 5784
Julio 20, 2024
 
 
Haftarah:

Micah 5:6 – 6:8

 

NÚMEROS 22

Y cuando Balac hijo de Sipor se dio cuenta de todo lo que Israel había hecho con los amorreos,

él y todos los moabitas tuvieron mucho miedo del pueblo de Israel, pues eran una gran multitud. Fue tanta la angustia de los moabitas

que les dijeron a los ancianos de Madián:

«Esta gente va a acabar con todos nuestros contornos, del mismo modo que el buey acaba con la grama del campo.»

Balac hijo de Sipor era entonces el rey de Moab,

así que mandó llamar a Balaam hijo de Beor, que estaba en Petor, junto al río, en el territorio de los hijos de su pueblo. Los mensajeros le dijeron:

«De Egipto ha salido un pueblo que cubre la faz de la tierra, y que ha venido a plantarse delante de mí. Yo sé que a quien tú bendices, es bendecido, y que a quien tú maldices es maldecido. Por eso, te ruego que vengas y lo maldigas por mí, porque es un pueblo más fuerte que yo. ¡Tal vez logre yo herirlo y echarlo fuera de mi tierra!»

Los ancianos de Moab y de Madián fueron a ver a Balaam. Con los regalos de adivinación en la mano, le dieron el mensaje que le enviaba Balac.

Y Balaam les dijo:

«Descansen aquí esta noche, que yo les daré la respuesta que el Señor me comunique.»

Y los príncipes de Moab se quedaron con Balaam.

Pero Dios vino y le dijo a Balaam:

«¿Quiénes son estos hombres que están contigo?»

10 Balaam le respondió a Dios:

«Balac hijo de Sipor, que es rey de Moab, mandó a decirme:

11 “De Egipto ha salido un pueblo que cubre la faz de la tierra. Yo te ruego que vengas y lo maldigas por mí. ¡Tal vez logre yo herirlo y echarlo fuera!”»

12 Entonces Dios le dijo a Balaam:

«No vayas con ellos, ni maldigas a ese pueblo, porque es un pueblo bendito.»

13 Y así, al día siguiente Balaam se levantó y les dijo a los príncipes de Balac:

«Vuelvan a su tierra. El Señor no me permite ir con ustedes.»

14 Los príncipes de Moab se levantaron y fueron a decirle a Balac:

«Balaam no quiso venir con nosotros.»

15 Una vez más, Balac envió a otros príncipes, más importantes todavía que los anteriores,

16 y éstos le dijeron a Balaam:

«Así dice Balac, hijo de Sipor: “Te ruego que no dejes de venir a mí.

17 Puedes estar seguro de que yo te colmaré de riquezas, y haré todo lo que me digas. Por favor, ven y maldice por mí a este pueblo.”»

18 Pero Balaam les respondió a los siervos de Balac:

«Aun cuando Balac me dé su casa llena de oro y plata, yo no puedo desobedecer en lo más mínimo las órdenes del Señor.

19 Yo les ruego que descansen aquí esta noche, hasta que yo sepa qué más me dice el Señor.»

20 Durante la noche, Dios vino y le dijo a Balaam:

«Puesto que estos hombres han acudido a ti, levántate y vete con ellos. Pero harás sólo lo que yo te diga.»

El ángel y el asna de Balaam

21 Al día siguiente, Balaam se levantó, le puso a su asna el aparejo, y se fue con los príncipes de Moab. 22 Balaam iba montado sobre su asna, y acompañado de dos criados suyos, pero en el camino la ira de Dios se encendió y su ángel salió dispuesto a obstruirle el paso.

23 Cuando el asna vio que el ángel del Señor estaba en el camino, y que en la mano tenía desenvainada la espada, se apartó del camino y se fue por el campo. Balaam azotó al asna para hacerla volver al camino,

24 pero el ángel del Señor se puso en un sendero de viñas, que de uno y otro lado tenía un cerco de piedras.

25 En cuanto el asna vio al ángel del Señor, se arrimó contra el cerco de piedras y apretó contra la pared el pie de Balaam, por lo que él volvió a azotarla.

26 Entonces el ángel del Señor avanzó un poco más y se puso en un lugar más angosto, donde ya no había manera de avanzar ni a un lado ni al otro. 27 Al ver el asna al ángel del Señor, se echó al suelo debajo de Balaam, y éste se enojó y la azotó con un palo.

28 Entonces el Señor hizo que el asna hablara, y ésta le dijo a Balaam:

«¿Y yo qué te he hecho? ¿Por qué me has azotado tres veces?»

29 Y Balaam le respondió:

«¡Es que te has burlado de mí! Si tuviera yo una espada en la mano, ¡ahora mismo te mataría!»

30 El asna le contestó:

«Pero, Balaam, ¿acaso no soy yo tu asna? Desde que me tienes, y hasta este día, tú has montado sobre mí. ¿Acaso te he tratado así alguna vez?»

Como Balaam respondió que no,

31 el Señor le abrió los ojos, y al ver Balaam que el ángel del Señor estaba en el camino y con la espada en la mano, se inclinó y se postró sobre su rostro.

32 Entonces el ángel del Señor le dijo:

«¿Por qué azotaste a tu asna tres veces? Como puedes ver, yo he salido dispuesto a no dejarte seguir, porque tu camino me parece perverso.

33 En cuanto el asna me vio, tres veces se apartó de mí. Si ella no se hubiera apartado de mí, yo te habría matado a ti, y a ella la habría dejado con vida.»

34 Entonces Balaam dijo al ángel del Señor:

«He pecado. Y es que no sabía que tú te interponías en mi camino. Pero ya que esto te parece mal, voy a regresarme.»

35 Pero el ángel del Señor le dijo:

«Puedes ir con esos hombres. Pero sólo dirás lo que yo te ordene que digas.»

Y así, Balaam se fue con los príncipes de Balac.

36 Y cuando Balac supo que Balaam venía, salió a recibirlo a la ciudad de Moab, la cual está en los límites de Arnón, es decir, en los extremos de su territorio. 37 Allí, Balac le dijo a Balaam:

«¿Acaso no mandé a llamarte? ¿Por qué no acudiste a mi llamado? ¿Crees que no puedo darte muchas riquezas?»

38 Balaam le respondió:

«Pues ya estoy aquí. Pero no puedo decir nada que Dios no me ordene decir.»

39 Y Balaam se fue con Balac, y se dirigieron a Quiriat Jusot.
40 Allí Balac ordenó sacrificar bueyes y ovejas, y los envió a Balaam y a los príncipes que estaban con él.

Balaam bendice a Israel

41 Al día siguiente, Balac llevó a Balaam hasta la cima de Bamot Baal, y desde allí Balaam vio la parte más extrema del pueblo.

23 Balaam le dijo a Balac:

«Levanta aquí siete altares, y prepárame siete becerros y siete carneros.»

2 Balac hizo lo que Balaam le ordenó, y Balac y Balaam ofrecieron un becerro y un carnero en cada altar. 3 Luego Balaam le dijo a Balac:

«Quédate junto a tu holocausto, que yo iré a ver si el Señor quiere encontrarse conmigo. Si hay algo que él me muestre, te lo haré saber.»

Y Balaam se fue a un monte desolado.

Entonces Dios vino al encuentro de Balaam, y éste le dijo:

«He ordenado levantar siete altares, y en cada altar he ofrecido un becerro y un carnero.»

El Señor puso su palabra en labios de Balaam, y le dijo:

«Regresa a donde está Balac, y dile lo que voy a decirte.»

Balaam volvió a donde estaba Balac, y lo encontró junto a su holocausto, junto con todos los príncipes de Moab.

Entonces Balaam pronunció estas palabras proféticas:

«Balac, el rey de Moab, me trajo de Aram;
me hizo venir de los montes del oriente.
Me pidió venir y maldecir a Jacob;
me ordenó desearle el mal a Israel.
¿Y cómo maldecir a quien Dios no maldijo?
¿Cómo condenar a quien el Señor no ha condenado?
Desde lo alto de las peñas puedo verlo;
desde las colinas puedo observarlo.
Es un pueblo que habita confiado,[a]
y que las naciones no toman en cuenta.
10 ¿Quién puede contar el polvo de Jacob,
o la cuarta parte del pueblo de Israel?
¡Espero morir como mueren los justos!
¡Espero tener el mismo final de ellos!»

11 Entonces Balac le dijo a Balaam:

«¿Pero qué es lo que haces conmigo? Te hice venir para que maldijeras a mis enemigos, ¡y ahora resulta que los estás bendiciendo!»

12 Balaam le respondió:

«¿Y acaso no tengo que decir lo que el Señor ponga en mis labios?»

13 Pero Balac insistió:

«Te ruego que vengas conmigo a otro lugar, desde donde no puedas ver a todos ellos sino solamente su parte extrema. Desde allí los maldecirás por mí.»

14 Y Balac llevó a Balaam al campo de Sofín, que está en la cumbre del Pisga. Allí edificó siete altares, y en cada altar ofreció un becerro y un carnero.

15 Entonces Balaam le dijo a Balac:

«Quédate aquí, junto a tu holocausto, que yo iré por allí a encontrarme con Dios.»

16 Entonces el Señor salió al encuentro de Balaam, y puso en sus labios su palabra. Le dijo:

«Vuelve adonde está Balac, y dile lo que voy a decirte.»

17 Balaam fue adonde estaba Balac, y lo encontró junto a su holocausto, acompañado de los príncipes de Moab. Y Balac le dijo:

«¿Qué te dijo el Señor?»

18 Y Balaam pronunció estas palabras proféticas:

«Vamos, Balac, ¡ponte de pie!
¡Escucha mis palabras, hijo de Sipor!
19 Dios no es un simple mortal
para que mienta o cambie de parecer.
Si él habla, ciertamente actúa;
si él dice algo, lo lleva a cabo.
20 Yo he recibido la orden de bendecir;
la bendición de Dios no puedo revocarla.
21 Dios no ha hallado iniquidad en Jacob,
ni ha encontrado perversidad en Israel.
El Señor su Dios está con ellos,
y ellos lo aclaman como su rey.
22 Dios los ha sacado de Egipto
con la poderosa fuerza de un búfalo.
23 Contra Jacob nada pueden las brujerías;
contra Israel nada valen las artes mágicas.
De Jacob, que es Israel, se dirá:
¡Miren lo que ha hecho Dios con ellos!
24 Este pueblo se levantará como un león;
como león rugiente se pondrá de pie.
No se echará hasta haber devorado la presa,
¡hasta saciarse con la sangre de los muertos!»

25 Pero Balac le dijo a Balaam:

«Si no lo vas a maldecir, ¡tampoco lo bendigas!»

26 Y Balaam le respondió:

«¿No te he dicho que yo debo decir todo lo que el Señor me diga?»

27 Balac le dijo entonces:

«Yo te ruego que me acompañes a otro lugar. Tal vez desde allí Dios maldiga a Israel.»

28 Y Balac llevó a Balaam a la cumbre de Pegor, desde donde se mira hacia el desierto.[b] 29 Allí Balaam le dijo a Balac:

«Levanta aquí siete altares, y prepárame siete becerros y siete carneros.»

30 Balac hizo lo que Balaam le ordenó, y éste ofreció un becerro y un carnero en cada altar.

24 Cuando Balaam se dio cuenta de que al Señor le parecía bien que él bendijera a Israel, ya no recurrió a las artes de hechicería, como lo había hecho la primera y la segunda vez, sino que dirigió la mirada hacia el desierto.

Al levantar la vista, pudo ver a Israel asentado por orden tribal. Entonces el espíritu de Dios vino sobre él,

y él pronunció estas palabras proféticas:

«Así dice Balaam hijo de Beor;
así dice el hombre de penetrante mirada;
así dice el que oye la voz de Dios,
el que recibe visiones del Omnipotente,
el que postrado mantiene abiertos los ojos:

»¡Qué hermosas son tus tiendas, Jacob!
¡Qué hermosas son tus habitaciones, Israel!
Expandidas, como los arroyos;
como los huertos a la vera del río,
como los áloes que el Señor ha plantado,
como los cedros cercanos a las aguas.
De sus afluentes mana agua en abundancia;
sus semillas estarán bien regadas.
Su rey es más importante que Agag,
y su reinado será enaltecido.

»Dios lo sacó de Egipto,
y le infundió las fuerzas de un búfalo.
Devorará a las naciones enemigas,
les desmenuzará los huesos,
y las traspasará con sus saetas.
Se pone al acecho, como un león;
se agazapa como leona: ¿quién lo azuzará?
¡Benditos sean quienes lo bendigan!
¡Malditos sean quienes lo maldigan!»

Profecía de Balaam

10 En ese instante la ira de Balac se encendió contra Balaam, y agitando las manos le dijo:

«Yo te hice venir para que maldijeras a mis enemigos, ¡y ya van tres veces que los bendices! 11 ¡Mejor lárgate a tu casa! Yo había prometido colmarte de riquezas, pero es el Señor quien te ha privado de recibirlas.»

12 Balaam le respondió:

«¿Acaso no se lo advertí a los mensajeros que me enviaste? Yo les dije:

13 “Aun si Balac me da su casa llena de oro y plata, yo no podré desobedecer las órdenes del Señor, ni hacer nada bueno o malo por mi propia voluntad. Yo diré sólo aquello que el Señor me ordene decir.” 14 Como puedes ver, yo estoy regresando a mi pueblo. Pero ven conmigo, que voy a indicarte lo que este pueblo hará con tu pueblo en los últimos tiempos.»

15 Y Balaam pronunció estas palabras proféticas:

«Así dice Balaam hijo de Beor;
así dice el hombre de penetrante mirada;
16 así dice el que oye la voz de Dios,
el que tiene los conocimientos del Altísimo,
el que recibe visiones del Omnipotente,
el que postrado mantiene abiertos los ojos:

17 »Yo lo veré, pero no en este momento;
lo contemplaré, pero no de cerca.
De Jacob saldrá una estrella;
un cetro surgirá en Israel,
que herirá a Moab en las sienes
y descalabrará a todos los hijos de Set.
18 Edom será conquistado;
también Seir será tomado por sus enemigos.
Pero Israel realizará grandes proezas.
19 De Jacob saldrá un conquistador,
y acabará con los que aún queden en la ciudad.»

20 Luego, Balaam se fijó en Amalec, y pronunció estas palabras proféticas:

«Amalec es una nación importante,
pero al final desaparecerá para siempre.»

21 Al ver a los quenitas, Balaam pronunció estas palabras proféticas:

«Tú habitas en un lugar seguro;
has construido tu nido en la roca.
22 Con todo, quenita, serás echado al fuego,
y Asiria te llevará cautivo.»

23 Y Balaam pronunció también estas palabras proféticas:

«¡Ay! ¿quién podrá seguir con vida
cuando Dios se decida a actuar?
24 De las costas de Quitín vendrán naves
que afligirán a Asiria, lo mismo que a Éber,
pues también ellos perecerán para siempre.»

25 Dicho esto, Balaam se fue de allí y volvió al lugar de donde había venido, y también Balac se fue por su camino.

25 Mientras Israel estuvo viviendo en Sitín, el pueblo empezó a prostituirse con las mujeres de Moab, las cuales invitaban al pueblo a participar en los sacrificios de sus dioses, y el pueblo comía de esos sacrificios y adoraba a esos dioses.

Y como el pueblo acudía a Baal Pegor, el furor del Señor se encendió contra Israel,

y el Señor le dijo a Moisés:

«Toma a todos los príncipes del pueblo, y ahórcalos delante de mí a pleno sol. Sólo así mi ira se apartará de Israel.»

Moisés dijo entonces a los jueces de Israel:

«Mate cada uno de ustedes a los suyos que hayan acudido a Baal Pegor.»

Mientras los israelitas lloraban a la entrada del tabernáculo de reunión, un israelita llegó y, a la vista de Moisés y de toda la congregación de los israelitas, presentó una madianita a sus hermanos.

Al ver esto Finés hijo de Eleazar, que era hijo del sacerdote Aarón, se levantó de en medio de la congregación y, con una lanza en la mano,

se lanzó tras aquel israelita. Al llegar a su tienda, con su lanza atravesó por el vientre a los dos, al israelita y a la mujer. Al instante, cesó la mortandad entre los hijos de Israel,

aunque ya habían muerto veinticuatro mil de ellos.

 

 

MIQUEAS 5:6 – 6:8

que a filo de espada devastarán la tierra de Asiria y la tierra de Nimrod. Sí, ellos nos librarán de los asirios cuando éstos vengan y ataquen nuestra tierra e invadan nuestras fronteras.

Entre los muchos pueblos, el remanente de Jacob será como el rocío del Señor y como las lluvias sobre la hierba, las cuales no esperan nada de nadie ni ponen su confianza en los seres humanos.

Además, el remanente de Jacob será, entre las naciones y la multitud de los pueblos, como el león entre los animales salvajes y como el cachorro del león entre los rebaños de ovejas, que a su paso aplasta y arrebata, sin que nadie pueda librarse.

¡Levanta, pues, tu mano contra tus enemigos, y destruye a todos tus adversarios!

10 «Cuando llegue ese día, acabaré con todos los caballos y con todos los carros de guerra que hay en medio de ti.

—Palabra del Señor.

11 »Además, destruiré las ciudades de tu tierra, y convertiré todas tus fortalezas en un montón de escombros.

12 Asimismo, arrancaré de tu mano las hechicerías, y no volverá a hallarse en ti ningún agorero. 13 Destruiré las esculturas y las imágenes que hay en medio de ti, y nunca más te inclinarás ante la obra de tus manos.

14 Arrancaré las imágenes de Asera que hay en medio de ti, y destruiré tus ciudades,

15 y con ira y con furor me vengaré de las naciones que no me obedecieron.»

Controversia del Señor contra Israel

Escuchen ahora lo que dice el Señor:

«¡Levántate y contiende contra los montes! ¡Que oigan tu voz las colinas!»

Ustedes los montes, y ustedes, los sólidos cimientos de la tierra, escuchen la querella del Señor. Porque el Señor tiene una querella contra su pueblo, y va a altercar contra Israel:

«Pueblo mío, ¿qué te he hecho? ¿En qué te he molestado? ¡Respóndeme!

Es un hecho que yo te saqué de la tierra de Egipto; que te libré de la casa de servidumbre, y que delante de ti envié a Moisés, a Aarón y a María.
Acuérdate ahora, pueblo mío, de los planes que urdía Balac, rey de Moab, y de cómo respondió Balaam hijo de Beor. Yo los traje desde Sitín hasta Gilgal, para que reconozcan cuántas veces yo, el Señor, los he salvado.»

Lo que pide el Señor

Tú, Israel, preguntas:

«¿Con qué me presentaré ante el Señor? ¿Cómo adoraré al Dios Altísimo? ¿Debo presentarme ante él con holocaustos, o con becerros de un año?

¿Le agradará al Señor recibir millares de carneros, o diez mil ríos de aceite? ¿Debo darle mi primogénito a cambio de mi rebelión? ¿Le daré el fruto de mis entrañas por los pecados que he cometido?»

¡Hombre! El Señor te ha dado a conocer lo que es bueno, y lo que él espera de ti, y que no es otra cosa que hacer justicia, amar la misericordia, y humillarte ante tu Dios.

 

¿Un Pueblo Que Vive Solo?

 

Excepto en relación con Di-s, estar solo rara vez es una bendición.

Rashi dice que significa que los Judíos son indestructibles. Ibn Ezra dice que significa que no se asimilan. Ramban dice que significa que mantienen su propia integridad. No significa que estén destinados a estar aislados, sin aliados ni amigos. Eso no es una bendición sino una maldición. Ese no es un destino; menos aún es una identidad.

Ser Judío es ser amado por Di-s; no debe ser odiado por los gentiles. Nuestros antepasados ​​fueron llamados a ser “Un Reino de Sacerdotes y una Nación Santa”. La palabra Kadosh, “Santo”, significa apartado. Pero existe una profunda diferencia entre estar separados y estar solos.

Los líderes están apartados, pero no están solos. Si realmente estuvieran solos, no podrían ser líderes. Los atletas, escritores, actores, cantantes y pianistas pueden vivir separados cuando se preparan para una actuación importante, pero no están solos. Su separación tiene un propósito. Les permite concentrar sus energías, perfeccionar y refinar sus habilidades. No es una condición existencial, un aislamiento elegido y deseado (…)

Para leer el articulo completo:

 
 

 

Una brecha que se extiende a lo largo de la historia / A Rift Extending Across History

Based on the teachings of the Lubavitcher Rebbe

 

Jeroboam barricada en Jerusalem (797 a. C.)

 

Después de la muerte del rey Salomón en 797 a. C., diez de las doce tribus de Israel, encabezadas por Jeroboam ben Nabat de la tribu de Efraín, se rebelaron contra el hijo y heredero de Salomón, Roboam.

Tierra Santa se dividió en dos reinos: el “Reino de Israel” en el norte, con Jeroboam como rey y la ciudad de Samaria como capital; y el “Reino de Judá” del sur con su capital Jerusalem, donde Roboam gobernó sobre las dos tribus (Judá y Benjamín) que permanecieron leales a la casa real de David. El centro espiritual de la tierra, sin embargo, siguió siendo Jerusalem, donde se encontraba el Santo Templo construido por Salomón, y donde cada Judío estaba obligado a hacer una peregrinación tres veces al año para las fiestas de Pesaj, Shavuot y Sucot.

Al ver esto como una amenaza a su soberanía, Jeroboam levantó, el 23 de Siván de ese año, barricadas para impedir la peregrinación del pueblo a Jerusalem, introduciendo en su lugar el culto a dos ídolos, en forma de becerros de oro, que sacrificó en el norte. y los límites del sur de su reino.

Las barricadas permanecieron en su lugar durante 223 años, hasta que Oseas ben Elah, el último rey del Reino del Norte, hizo que las retiraran el 15 de Av del 574 a.C.

Para entonces, las diez tribus que allí residían ya estaban siendo expulsadas de la tierra en una serie de invasiones por parte de varios reyes asirios y babilónicos.

El último de ellos ocurrió en 556 a. C., cuando Salmanasar de Asiria conquistó por completo el Reino de Israel, destruyó su capital, exilió a los últimos israelitas que residían allí y reasentó la tierra con pueblos extranjeros de Kuta y Babilonia. Estos pueblos, más tarde conocidos como los “samaritanos”, asumieron una forma de judaísmo como religión, pero nunca fueron aceptados como tales por el pueblo Judío. Posteriormente construyeron su propio templo en el monte Gerizim y se convirtieron en enemigos acérrimos de los Judíos.

Nunca más se supo de las “Diez Tribus Perdidas de Israel” y esperan la llegada del Mashíaj para reunirse con el pueblo Judío.

https://www.chabad.org/parshah/article_cdo/aid/1122/jewish/A-Rift-Extending-Across-History.htm

 

Una brecha que se extiende a lo largo de la historia

El conflicto entre José y sus hermanos, particularmente entre José y Judá, corre como una costura a lo largo de toda la historia de Israel. A veces José gana, a veces Judá prevalece, pero la división siempre resurge. Nuestros sabios incluso hablan de dos mesías, cada uno con un papel que desempeñar en el cumplimiento final de la misión de Israel: un mesías descendiente de José y un mesías de la casa real de David, de la tribu de Judá.

El conflicto tiene sus raíces en los matrimonios de Jacob con Lea y Raquel. La preferencia de Jacob recaía en Raquel: ella fue su primer amor y a quien consideraba su primera esposa. Pero Lea fue la primera con la que se casó, la primera en tener hijos y la que salió victoriosa en la competencia de las hermanas para darle a Jacob la mayor cantidad de hijos. Los seis hijos de Lea nacieron antes que el primogénito de Raquel, José; Raquel tuvo un total de dos hijos, ya que murió al dar a luz a su segundo hijo, Benjamín.

Como primogénito de Jacob, Rubén, el hijo de Lea, está inicialmente designado para asumir el liderazgo en todas las áreas de la vida Judía. Pero Rubén peca y los derechos de su primogénito se transfieren a tres de sus hermanos: el sacerdocio pasa al tercer hijo de Lea, Leví; el reinado al cuarto de Lea, Judá; y la “primogenitura” (el derecho del primogénito a una doble porción de la herencia de su padre) a José. Así, los descendientes de José comprenden dos tribus, Manasés y Efraín, y reciben dos territorios en Tierra Santa.

(El pecado de Rubén es en sí mismo una consecuencia de la rivalidad Lea/Raquel, ya que Rubén interfiere en los arreglos matrimoniales de su padre en protesta por el hecho de que Jacob le dio prioridad a la sierva de Raquel, Bilha, sobre Lea.)

Jacob transfiere su amor por Raquel a su hijo José, demostrando su mayor preferencia hacia él sobre sus hermanos, como había demostrado su preferencia por Raquel sobre Lea. Los celos de los hermanos se ven aumentados por los sueños de José, que José insiste en describirles repetidamente a ellos y a su padre, sueños que predicen su dominio sobre ellos.

Esto los hijos de Lea están decididos a evitarlo a cualquier precio. Shimón y Leví conspiran para matar a José; Judá lo impide, pero supervisa su venta como esclavo.

Pero la victoria de los hermanos dura poco. Pronto se encuentran en Egipto, a merced de un duro virrey que, sin saberlo, es su hermano desterrado. Se postran ante él en cumplimiento de sus sueños. Judá se enfrenta a José, pero descubre que su considerable poder físico y su destreza intelectual son superados por su hermano menor. Luego viene la conmovedora escena en la que José se revela a ellos y se reconcilia con ellos.

José es ahora el líder indiscutible de la naciente nación. Él es su protector y su fuente de sustento. Incluso Jacob se inclina ante él.

Cuando el pueblo de Israel emerge del exilio egipcio, está bajo el liderazgo de Moisés y Aarón, ambos levitas. Pero es Josué, un descendiente de José, quien los lidera en su conquista de Tierra Santa. Varias generaciones después, otro descendiente de José, Gedeón, los libera del dominio extranjero y los gobierna. Durante 369 años, el Tabernáculo, que como precursor del Santo Templo sirve como epicentro espiritual de la vida Judía, está situado en Shiloh, en el territorio de José. Cuando el pueblo de Israel pide un rey, un descendiente de Raquel, el benjamita Saúl, recibe la corona.

Luego, después de siglos de predominio josefiano, el péndulo oscila una vez más. David, descendiente de Judá, es ungido rey; sus luchas con el rey Saúl son una repetición de la antigua rivalidad entre Lea y Raquel por el liderazgo de Israel.

Durante siete años David reina en la ciudad judía de Hebrón, mientras que un hijo de Saúl es el rey reconocido en el norte. Pero entonces la soberanía de David es aceptada por todo el pueblo de Israel. David establece su capital en otra ciudad de Judea, Jerusalem. Su hijo Salomón construye el Santo Templo en una parte de la ciudad que se extiende a ambos lados de la frontera entre Judá y Benjamín. El cisma parece haberse curado, el pueblo unido y el liderazgo firmemente en manos de Judá.

Pero una vez más el conflicto resurge. Tras la muerte de Salomón, Jeroboam, un descendiente de José, encabeza una revuelta contra la casa real de David. Incluso consigue que otras tribus descendientes de Lea se unan a él en la renuncia al liderazgo de Judea. Durante los siguientes 240 años, Tierra Santa se divide en dos reinos: el reino norteño de Israel, que abarca diez tribus separatistas bajo el liderazgo josefiano, y el reino sureño de Judá. (Curiosamente, la tribu de Benjamín permanece leal al trono de Judea). Los hijos de José simplemente no están preparados para aceptar la soberanía de Judá.

(Esto se ilustra más enfáticamente en el siguiente relato talmúdico (Sanedrín 102a): “Di-s mismo agarró a Jeroboam por su túnica y le dijo: ‘Arrepiéntete, y Yo, tú y el hijo de Isaí [el rey David] caminaremos juntos. en el Jardín del Edén.’ Preguntó Jeroboam: ‘¿Quién caminará primero?’ ‘El hijo de Isaí’, [respondió Di-s:] ‘Si es así, no me interesa’”).

La brecha persiste hasta el día de hoy. Un siglo antes de la destrucción del primer Templo, Salmanasar, rey de Asiria, invadió el reino norteño de Israel y exilió a las diez tribus a un lugar desconocido. Nunca hemos vuelto a escuchar de ellos. El resto de la historia Judía, tal como la conocemos, es la historia de las tribus supervivientes de Judá y Benjamín, una parte significativa de Leví (cuyos sacerdotes y levitas vivían en ciudades a lo largo de Tierra Santa), y un pequeño número de Judíos de la otras tribus que habitaban en el reino de Judá.

Pero los profetas prometen que llegará un momento en que las mitades de la renta del pueblo de Israel se reunirán. La era mesiánica será anunciada por un mesías de la tribu de José y un mesías davídico de la tribu de Judá; Sin embargo, en última instancia, la soberanía de Judá quedará establecida de una vez por todas. En palabras del profeta (Ezequiel 37:22-25): “Haré de ellos una sola nación en la tierra. . . y un solo rey estará sobre todos ellos. . . Mi siervo David será rey sobre ellos, y todos tendrán un solo pastor. . . y mi siervo David será su príncipe para siempre”.


La enseñanza jasídica explica el conflicto entre José y Judá como una dicotomía que se extiende a todos los ámbitos de la vida: el conflicto entre crecimiento y realización personal, por un lado, y sumisión y compromiso, por el otro.

Hay muchos motivos identificables para las acciones humanas, muchas fórmulas para articular un propósito para la vida humana. Sin embargo, todos caen bajo una de dos categorías generales:

a- Para nosotros mismos (disfrutar de la vida, realizar nuestro potencial, alcanzar la trascendencia, etc.).
b- Al servicio de algo más grande que nosotros mismos (la sociedad, la historia, Di-s).

De hecho, sentimos que tanto “a” como “b” son fuerzas siempre presentes en nuestras vidas. Por un lado, estamos fuertemente impulsados ​​a mejorarnos a nosotros mismos, a “sacar el máximo provecho” de cada experiencia y oportunidad. También sentimos que esto no es un egoísmo superficial, sino algo muy profundo y verdadero en nuestras almas, algo implantado en nosotros por nuestro Creador como intrínseco a nuestra identidad y propósito.

Por otro lado, somos igualmente conscientes de que somos parte de algo más grande que nosotros mismos: que si nuestra existencia tiene significado es sólo porque sirve a una realidad más allá de su propio yo finito y subjetivo.

Encontramos ambas sensibilidades expresadas en la Torá y en las palabras de nuestros sabios. Por un lado, la Torá (Deuteronomio 11, Levítico 26) enfatiza repetidamente que el programa de Di-s para la vida es para el bien del hombre, tanto material como espiritual. “Las mitzvot fueron dadas sólo para refinar a la humanidad”, dice el Midrash. El Talmud llega incluso a afirmar: “Todo hombre está obligado a decir: ‘El mundo fue creado para mí’”. La enseñanza jasídica describe la saga del alma como un “descenso con el propósito de ascender”: el el ingreso al estado físico conlleva una disminución de sus facultades y sensibilidades espirituales, pero el propósito de todo ello es que se eleve por los desafíos y logros de la vida terrenal.

Por otro lado, el mayor elogio que la Torá tiene para Moisés, a quien Maimónides llama “el ser humano más perfecto”, es que fue un “siervo de Di-s” (Deuteronomio 34:5). Nuestros sabios nos exhortan repetidamente a esforzarnos por lograr el altruismo en nuestras vidas, de modo que todo lo que hagamos esté impregnado del reconocimiento de que “fui creado sólo para servir a mi Creador” (Talmud, Kiddushin 82b).

Nuestros sabios también analizan esta dualidad en términos de “aprendizaje” y “acto” (o “Torá” y “mitzvot”). Así, los sabios del Talmud debaten: ¿Qué es mayor, el conocimiento o la acción? Aprender implica el desarrollo y la perfección de uno mismo, mientras que el hacer implica la servidumbre de uno mismo a la tarea en cuestión. ¿Por qué fue colocado el hombre en la tierra: para mejorar, refinar y perfeccionar el yo, o para lograr la abnegación del yo al servicio del Creador?

Raquel, “de hermosa forma y de hermosa apariencia”, encarna el impulso hacia la realización personal y la autorrealización, mientras que la humilde y sumisa Lea representa nuestra capacidad de servidumbre y modestia.

Las cualidades de Rachel quedaron fuertemente enfatizadas en el apuesto, carismático y emprendedor Joseph, quien descaradamente relata sus sueños de grandeza y procede a convertir cada circunstancia en un éxito personal. Vendido como esclavo, pronto se convierte en supervisor de todas las posesiones de su amo. Encarcelado, asciende a un alto puesto en la administración penitenciaria y de allí a virrey de la nación más poderosa del mundo. Su belleza externa y sus éxitos reflejan una perfección espiritual interna, mientras persevera frente a las pruebas morales y conserva su rectitud en los entornos más corruptos.

Judá, por el contrario, muestra la humildad y el compromiso de alguien para quien la vida es un deber más que un logro. Interviene para evitar el asesinato de Joseph. Él fácilmente reconoce su responsabilidad por la venta de José y su culpabilidad en el incidente con Tamar. Se compromete a ser responsable de la seguridad de Benjamín y, cuando este último es retenido por el virrey egipcio, se ofrece como esclavo en su lugar. Es el líder reconocido de sus hermanos, pero el suyo es un liderazgo cargado de responsabilidad y sostenido por el compromiso, en lugar de uno impulsado por la confianza en sí mismo e impulsado por la ambición.

Entonces José, cuyo nombre significa “añadir”, representa crecimiento y logro, mientras que Judá, cuyo nombre significa “reconocer” y “someterse”, es el paradigma del compromiso y la abnegación.

Estas dos fuerzas compiten por prevalecer en cada uno de nuestros pensamientos y sentimientos, en cada elección que hacemos y cada acción que realizamos en el curso de nuestras vidas. A veces uno gana; a veces el otro gobierna nuestras vidas. En el nivel macrohistórico, estas son las dos fuerzas contrastantes en juego en la historia de nuestro pueblo, mientras Judá y José compiten por el liderazgo de Israel.

Sin embargo, hay un punto en el que estas dos fuerzas convergen y se unen. Este es el punto en el que se reconoce que el refinamiento y la perfección del yo puede ser en sí mismo una empresa altruista, cuando se emprende únicamente porque eso es lo que el Creador desea de nosotros. Cuando se aprecia que (como el Talmud resuelve su debate antes citado), “el aprendizaje es mayor porque lleva a la acción”. Un yo mejor (un yo más conocedor, sensible y realizado) es un yo mejor equipado para cumplir su propósito en la creación. De hecho, la creación de este yo mejor es el cumplimiento de su propósito en la creación. En última instancia, mejorar uno mismo es el servicio supremo de Di-s.

Se dice que el maestro jasídico, rabino Zusha de Anipoli, dijo: “Si me ofrecieran intercambiar lugares con Abraham nuestro padre, lo rechazaría. ¿Qué ganaría Di-s con esto? Todavía tendría un Zusha y un Abraham”.

La vida del rabino Zusha estuvo impulsada por la ardiente ambición de convertirse en un Abraham, pero sólo para que Di-s tuviera otro Abraham. Si el resultado final es que sólo hay un Abraham para Di-s, ¿cuál es el punto?

Cuando una persona alcanza esta cima de amor por Di-s, Judá y José en él están en plena armonía entre sí. Su Judá reina soberana; el criterio último es el servicio a Di-s. Pero el José que hay en él no es silenciado ni reprimido. Al contrario: se cultivan sus pasiones, se alientan sus ambiciones, su identidad está plenamente integrada en el altruismo del yo Judío.

Y cuando esta integración se logre también a nivel universal y cósmico, entraremos en la era en la que “Haré de ellos una sola nación. . . y mi siervo David será su príncipe para siempre”.

FUENTE:

https://www.chabad.org/parshah/article_cdo/aid/1122/jewish/A-Rift-Extending-Across-History.htm

 

El Moderno Israel

El momento más grandioso de la historia profetica.

14 de mayo de 1948

El establecimiento del Estado de Israel.

Isaías 66:8

¿Puede un país concebirse en un solo día? ¿Acaso una nación puede nacer de repente? ¡Pues Sión dio a luz sus hijos antes de tener dolores!.