On this day in the Hebrew calendar, we celebrate the liberation of Jerusalem. The Old City—lost to the Jewish people for 2,000 years—was finally back in our hands.
Today, we celebrate the triumph of those IDF heroes & reaffirm our commitment to securing Jerusalem forevermore. pic.twitter.com/JM9rRQD9BF
Hoy en #Israel celebramos el Día de Jerusalén. Pero, además de ser el corazón del pueblo judío, nuestra capital es amada por millones de personas en América Latina y el mundo.
Join us on a spectacular journey through 🇮🇱's #history, the story of the unbroken bond between the Jewish people and the Land of #Israel and the revival of modern Israel in its ancient homeland.#israel70pic.twitter.com/ItaYRfn8mv
— Israel en Español (@IsraelinSpanish) May 28, 2019
Melachim I – I Kings – Chapter 11
36 And his son I shall give one tribe so that David My servant may have a kingdom before Me in Jerusalem, the city which I chose for Myself to place My name there.
(36) A su hijo, le daré una tribu, para que David Mi siervo tenga una lámpara siempre ante Mí en Jerusalem, la ciudad que elegí para poner mi nombre allí.
(1) Junto a los ríos de Babilonia nos sentábamos, y llorábamos recordando a Sión.
(2) Sobre los sauces en medio de ella, colgábamos nuestras liras.
(3) porque allí los que nos tenían cautivo, nos exigirán que cantáramos, y nuestros atormentadores nos exigían alegría: “Cantadnos una canción de Sión”,
(4) ¿Cómo podremos cantar la canción del Eterno en tierra extranjera?
(5) Si te olvido, oh Jerusalem, que mi diestra olvide su habilidad.
(6) Que se adhiera mi lengua al paladar si no te recuerdo, si no pongo a Jerusalem por encima de mi mayor alegría,
(7) recuerda, oh Eterno, contra los hijos de Edom, el día de Jerusalem, cuando decían:”¡Arrasadla, arrasadla hasta los cimientos!”
(8) ¡Oh hija de Babilonia, que has de ser desolada, feliz será el que tome a tus infantes y los estrelle contra la roca.
La Relación de Amor del pueblo Judío por más de dos milenios.
En el año 70 EC la perdimos.
El ejército romano conquistó lo que había sido la gloria de la nación Judía durante mil años. Saquearon Jerusalem y degollaron o esclavizaron a todo residente Judío.
Sesenta y cinco años después, el Emperador Romano Adrián arrasó con la ciudad. En sus ruinas construyó Aelia Capitolina. A los únicos judíos que les estaba permitida la entrada era a los esclavos judíos. Y el nombre “Jerusalem” sobrevivió sólo en nuestros libros de plegarias, desde los cuales le suplicábamos a Dios tres veces al día que reconstruyera Jerusalem.
Cuando el Imperio Romano se reinventó a sí mismo como el Imperio Bizantino en el siglo IV, trajeron de vuelta el nombre de la ciudad, Jerusalem, pero no a sus judíos. Los judíos, quienes aún vivían en florecientes comunidades en la Galilea y en las Alturas del Golán, tenían permitida la entrada sólo un día al año: en Tishá b’Av, el día de la destrucción del Templo Sagrado y de Jerusalem. Uno de los historiadores de la época, Jerónimo, escribió: “Los judíos sólo pueden venir a lamentar la destrucción de la ciudad, y deben comprar el privilegio de poder llorar por la destrucción de la ciudad”.