Cheshvan 23, 5785 / Noviembre 23, 2024
El nombre de la Parashá, “Chayei Sarah”, significa “La vida de Sara” y se encuentra en Génesis 23:1.

Lectura de la Torah
Chayei Sarah
Genesis 23:1 -25:18
Haftarah
I de Reyes 1:1-31
Chayei Sarah, contiene tres narraciones clave.
La primera, la muerte de Sara, que lleva a Abraham a comprar un terreno para su sepultura. Esta porción de tierra tiene una importancia particular, ya que es la primera parte de la Tierra Santa que pertenece legalmente al pueblo de la alianza.
En segundo lugar, Abraham le confía a su siervo la misión de encontrar la esposa adecuada para su hijo Isaac, el primer hijo judío.
En segundo lugar, Abraham le confía a su siervo la misión de encontrar la esposa adecuada para su hijo Isaac, el primer hijo judío.
El tercero, llegamos al último período de la vida de Abraham y su muerte.
Abraham compra la cueva de Macpela.

Uno de los lugares más famosos de la tierra es la Cueva de Machpelah (también conocida como la “Cueva de los Patriarcas”) en la ciudad de Hebrón, en el sur de Israel.
Una razón dada es que cuatro parejas prestigiosas están enterradas allí: Adán y Eva, Abraham y Sara, Isaac y Rebeca, y Jacob y Leah. (Nuestra matriarca Rachel fue enterrada en otro lugar.).
GENESIS 23.1-20
1 Y fue la vida de Sara ciento veintisiete años; tantos fueron los años de la vida de Sara.
2 Y murió Sara en Quiriat-arba, que es Hebrón, en la tierra de Canaán: y vino Abraham a hacer duelo a Sara y a llorarla.
3 Y se levantó Abraham de delante de su muerta, y habló a los hijos de Het, diciendo:
4 Peregrino y advenedizo soy entre vosotros; dadme heredad de sepultura con vosotros, y sepultaré mi muerta de delante de mí.
5 Y respondieron los hijos de Het a Abraham, y le dijeron:
6 Escúchanos, señor mío, tú eres un príncipe poderoso entre nosotros; en el mejor de nuestros sepulcros sepulta a tu muerta; ninguno de nosotros te negará su sepulcro para que sepultes a tu muerta.
7 Y Abraham se levantó, y se inclinó al pueblo de aquella tierra, a los hijos de Het;
8 Y habló con ellos, diciendo: Si tenéis voluntad que yo sepulte a mi muerta de delante de mí, oídme, e interceded por mí con Efrón, hijo de Zoar,
9 para que me dé la cueva de Macpela, que él tiene al extremo de su heredad; que por su justo precio me la dé, para posesión de sepultura en medio de vosotros.
10 Este Efrón se hallaba entre los hijos de Het: y respondió Efrón heteo a Abraham, en oídos de los hijos de Het, de todos los que entraban por la puerta de su ciudad, diciendo:
11 No, señor mío, óyeme: te doy la heredad, y te doy también la cueva que está en ella; delante de los hijos de mi pueblo te la doy; sepulta a tu muerta.
12 Y Abraham se inclinó delante del pueblo de la tierra.
13 Y respondió a Efrón en oídos del pueblo de la tierra, diciendo: Antes, si te place, te ruego que me oigas; yo daré el precio de la heredad, tómalo de mí, y sepultaré en ella a mi muerta.
14 Y respondió Efrón a Abraham, diciéndole:
15 Señor mío, escúchame: la tierra vale cuatrocientos siclos de plata; ¿qué es esto entre tú y yo? Sepulta, pues, a tu muerta.
16 Entonces Abraham se convino con Efrón, y pesó Abraham a Efrón la plata que había dicho, oyéndolo los hijos de Het, cuatrocientos siclos de plata, de buena ley entre mercaderes.
17 Y la heredad de Efrón que estaba en Macpela enfrente de Mamre, la heredad y la cueva que estaban en ella, y todos los árboles que había en la heredad, y en todo su término al derredor, quedaron asegurados
18 a Abraham en posesión, a vista de los hijos de Het, y de todos los que entraban por la puerta de la ciudad.
19 Y después de esto sepultó Abraham a Sara su esposa en la cueva de la heredad de Macpela enfrente de Mamre, que es Hebrón, en la tierra de Canaán.
20 Así Abraham adquirió de los hijos de Het el campo y la cueva que había en él, como una propiedad para sepultura.
2 Y murió Sara en Quiriat-arba, que es Hebrón, en la tierra de Canaán: y vino Abraham a hacer duelo a Sara y a llorarla.
3 Y se levantó Abraham de delante de su muerta, y habló a los hijos de Het, diciendo:
4 Peregrino y advenedizo soy entre vosotros; dadme heredad de sepultura con vosotros, y sepultaré mi muerta de delante de mí.
5 Y respondieron los hijos de Het a Abraham, y le dijeron:
6 Escúchanos, señor mío, tú eres un príncipe poderoso entre nosotros; en el mejor de nuestros sepulcros sepulta a tu muerta; ninguno de nosotros te negará su sepulcro para que sepultes a tu muerta.
7 Y Abraham se levantó, y se inclinó al pueblo de aquella tierra, a los hijos de Het;
8 Y habló con ellos, diciendo: Si tenéis voluntad que yo sepulte a mi muerta de delante de mí, oídme, e interceded por mí con Efrón, hijo de Zoar,
9 para que me dé la cueva de Macpela, que él tiene al extremo de su heredad; que por su justo precio me la dé, para posesión de sepultura en medio de vosotros.
10 Este Efrón se hallaba entre los hijos de Het: y respondió Efrón heteo a Abraham, en oídos de los hijos de Het, de todos los que entraban por la puerta de su ciudad, diciendo:
11 No, señor mío, óyeme: te doy la heredad, y te doy también la cueva que está en ella; delante de los hijos de mi pueblo te la doy; sepulta a tu muerta.
12 Y Abraham se inclinó delante del pueblo de la tierra.
13 Y respondió a Efrón en oídos del pueblo de la tierra, diciendo: Antes, si te place, te ruego que me oigas; yo daré el precio de la heredad, tómalo de mí, y sepultaré en ella a mi muerta.
14 Y respondió Efrón a Abraham, diciéndole:
15 Señor mío, escúchame: la tierra vale cuatrocientos siclos de plata; ¿qué es esto entre tú y yo? Sepulta, pues, a tu muerta.
16 Entonces Abraham se convino con Efrón, y pesó Abraham a Efrón la plata que había dicho, oyéndolo los hijos de Het, cuatrocientos siclos de plata, de buena ley entre mercaderes.
17 Y la heredad de Efrón que estaba en Macpela enfrente de Mamre, la heredad y la cueva que estaban en ella, y todos los árboles que había en la heredad, y en todo su término al derredor, quedaron asegurados
18 a Abraham en posesión, a vista de los hijos de Het, y de todos los que entraban por la puerta de la ciudad.
19 Y después de esto sepultó Abraham a Sara su esposa en la cueva de la heredad de Macpela enfrente de Mamre, que es Hebrón, en la tierra de Canaán.
20 Así Abraham adquirió de los hijos de Het el campo y la cueva que había en él, como una propiedad para sepultura.
Una Esposa para Isaac.

El primer matrimonio del que leemos en la Torá es el de Adán y Eva. El de ellos, por supuesto, fue un matrimonio totalmente concertado en el Cielo: Dios mismo creó a la novia, la perfumó y la adorna con joyas, y la presentó al novio.
El primer caso en el que la Torá cuenta la historia de un matrimonio logrado por el esfuerzo humano es en el capítulo que describe la búsqueda de una novia para Isaac. Aquí se detallan los procedimientos de un shiduj convencional: un casamentero (Eliezer, el sirviente de Abraham), una investigación sobre la familia y el carácter de la futura novia y una dote.
GÉNESIS 24:4
2 Y Abraham dijo a su siervo, el más viejo de su casa, que era el que gobernaba en todo lo que tenía: Pon ahora tu mano debajo de mi muslo,
3 y te haré jurar por Jehová, el Dios del cielo y Dios de la tierra, que no tomarás esposa para mi hijo de las hijas de los cananeos, entre los cuales yo habito;
4 sino que irás a mi tierra y a mi parentela, y tomarás esposa para mi hijo Isaac.
3 y te haré jurar por Jehová, el Dios del cielo y Dios de la tierra, que no tomarás esposa para mi hijo de las hijas de los cananeos, entre los cuales yo habito;
4 sino que irás a mi tierra y a mi parentela, y tomarás esposa para mi hijo Isaac.
Oración del siervo (Eliezer)

GÉNESIS 24:10
10 Y el siervo tomó diez camellos de los camellos de su señor, y se fue, pues tenía a su disposición todos los bienes de su señor: y se levantó y fue a Mesopotamia, a la ciudad de Nacor.
11 E hizo arrodillar los camellos fuera de la ciudad, junto a un pozo de agua, a la hora de la tarde, a la hora en que salen las doncellas por agua.
12 Y dijo: Oh Jehová, Dios de mi señor Abraham, dame, te ruego, el tener hoy buen encuentro, y haz misericordia con mi señor Abraham.
13 He aquí, yo estoy junto a la fuente de agua, y las hijas de los varones de esta ciudad salen por agua:
14 Sea, pues, que la doncella a quien yo dijere: Baja tu cántaro, te ruego, para que yo beba; y ella respondiere: Bebe, y también daré de beber a tus camellos; que sea esta la que tú has destinado para tu siervo Isaac; y en esto conoceré que habrás hecho misericordia con mi señor.
15 Y aconteció que antes que él acabase de hablar, he aquí Rebeca, que había nacido a Betuel, hijo de Milca, esposa de Nacor hermano de Abraham, la cual salía con su cántaro sobre su hombro.
16 Y la doncella era de muy hermoso aspecto, virgen, a la que varón no había conocido; la cual descendió a la fuente, y llenó su cántaro, y se volvía.
17 Entonces el siervo corrió hacia ella, y dijo: Te ruego que me des a beber un poco de agua de tu cántaro.
18 Y ella respondió: Bebe, señor mío; y se dio prisa a bajar su cántaro sobre su mano, y le dio a beber.
19 Y cuando acabó de darle a beber, dijo: También para tus camellos sacaré agua, hasta que acaben de beber.
20 Y se dio prisa, y vació su cántaro en la pila, y corrió otra vez al pozo para sacar agua, y sacó para todos sus camellos.
21 Y el hombre estaba maravillado de ella, callando, para saber si Jehová había prosperado no su viaje.
22 Y sucedió que cuando los camellos acabaron de beber, el hombre le presentó un pendiente de oro que pesaba medio siclo, y dos brazaletes para sus manos que pesaban diez siclos de oro,
23 y dijo: ¿De quién eres hija? Te ruego me digas, ¿hay lugar en casa de tu padre donde posemos?
24 Y ella respondió: Soy hija de Betuel, hijo de Milca, el cual ella dio a luz a Nacor.
11 E hizo arrodillar los camellos fuera de la ciudad, junto a un pozo de agua, a la hora de la tarde, a la hora en que salen las doncellas por agua.
12 Y dijo: Oh Jehová, Dios de mi señor Abraham, dame, te ruego, el tener hoy buen encuentro, y haz misericordia con mi señor Abraham.
13 He aquí, yo estoy junto a la fuente de agua, y las hijas de los varones de esta ciudad salen por agua:
14 Sea, pues, que la doncella a quien yo dijere: Baja tu cántaro, te ruego, para que yo beba; y ella respondiere: Bebe, y también daré de beber a tus camellos; que sea esta la que tú has destinado para tu siervo Isaac; y en esto conoceré que habrás hecho misericordia con mi señor.
15 Y aconteció que antes que él acabase de hablar, he aquí Rebeca, que había nacido a Betuel, hijo de Milca, esposa de Nacor hermano de Abraham, la cual salía con su cántaro sobre su hombro.
16 Y la doncella era de muy hermoso aspecto, virgen, a la que varón no había conocido; la cual descendió a la fuente, y llenó su cántaro, y se volvía.
17 Entonces el siervo corrió hacia ella, y dijo: Te ruego que me des a beber un poco de agua de tu cántaro.
18 Y ella respondió: Bebe, señor mío; y se dio prisa a bajar su cántaro sobre su mano, y le dio a beber.
19 Y cuando acabó de darle a beber, dijo: También para tus camellos sacaré agua, hasta que acaben de beber.
20 Y se dio prisa, y vació su cántaro en la pila, y corrió otra vez al pozo para sacar agua, y sacó para todos sus camellos.
21 Y el hombre estaba maravillado de ella, callando, para saber si Jehová había prosperado no su viaje.
22 Y sucedió que cuando los camellos acabaron de beber, el hombre le presentó un pendiente de oro que pesaba medio siclo, y dos brazaletes para sus manos que pesaban diez siclos de oro,
23 y dijo: ¿De quién eres hija? Te ruego me digas, ¿hay lugar en casa de tu padre donde posemos?
24 Y ella respondió: Soy hija de Betuel, hijo de Milca, el cual ella dio a luz a Nacor.
Encuentro de Isaac y Rebeca

GÉNESIS 24:62-67
62 Y venía Isaac del Pozo del Viviente que me ve; porque él habitaba en la tierra del sur.
63 E Isaac había salido a meditar al campo, a la hora de la tarde; y alzando sus ojos miró, y he aquí que venían los camellos.
64 Rebeca también alzó sus ojos, y vio a Isaac, y descendió del camello;
65 porque había preguntado al siervo: ¿Quién es este varón que viene por el campo hacia nosotros? Y el siervo había respondido: Este es mi señor. Ella entonces tomó el velo, y se cubrió.
66 Y el siervo contó a Isaac todo lo que había hecho.
67 Y la introdujo Isaac a la tienda de su madre Sara, y tomó a Rebeca por esposa; y la amó. Y se consoló Isaac después de la muerte de su madre.
Abraham en buena vejez, anciano y lleno de días y fue reunido a su pueblo.

GÉNESIS 5:1-10
1 Y Abraham tomó otra esposa, cuyo nombre era Cetura,
2 la cual le dio a luz a Zimram, y a Jocsán, y a Medán, y a Madián, y a Isbac y a Súa.
3 Y Jocsán engendró a Seba y a Dedán: y los hijos de Dedán fueron Asurim, Letusim y Leumim.
4 Y los hijos de Madián: Efa, y Efer, y Hanoc, y Abida y Eldaa. Todos estos fueron los hijos de Cetura.
5 Y Abraham dio todo cuanto tenía a Isaac.
6 Y a los hijos de sus concubinas dio Abraham dones, y los envió lejos de Isaac su hijo, cuando aún él vivía, hacia el oriente, a la tierra oriental.
7 Y estos fueron los días de vida que vivió Abraham; ciento setenta y cinco años.
8 Y exhaló el espíritu, y murió Abraham en buena vejez, anciano y lleno de días y fue reunido a su pueblo.
9 Y lo sepultaron Isaac e Ismael sus hijos en la cueva de Macpela, en la heredad de Efrón, hijo de Zoar heteo, que está enfrente de Mamre;
10 Heredad que compró Abraham de los hijos de Het; allí fue Abraham sepultado, y Sara su esposa.
2 la cual le dio a luz a Zimram, y a Jocsán, y a Medán, y a Madián, y a Isbac y a Súa.
3 Y Jocsán engendró a Seba y a Dedán: y los hijos de Dedán fueron Asurim, Letusim y Leumim.
4 Y los hijos de Madián: Efa, y Efer, y Hanoc, y Abida y Eldaa. Todos estos fueron los hijos de Cetura.
5 Y Abraham dio todo cuanto tenía a Isaac.
6 Y a los hijos de sus concubinas dio Abraham dones, y los envió lejos de Isaac su hijo, cuando aún él vivía, hacia el oriente, a la tierra oriental.
7 Y estos fueron los días de vida que vivió Abraham; ciento setenta y cinco años.
8 Y exhaló el espíritu, y murió Abraham en buena vejez, anciano y lleno de días y fue reunido a su pueblo.
9 Y lo sepultaron Isaac e Ismael sus hijos en la cueva de Macpela, en la heredad de Efrón, hijo de Zoar heteo, que está enfrente de Mamre;
10 Heredad que compró Abraham de los hijos de Het; allí fue Abraham sepultado, y Sara su esposa.
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SARA

Belleza Física e Integridad Espiritual
“y fue la vida de Sara, cien años, veinte años y siete, los años de la vida de Sara (bereshit 23,a)
Adaptado de la Enseñanzas del Rebe de Lubavitch
Sobre el versículo “y fue la vida de Sara cien años, veinte años y siete años” dice el Midrash: “De los íntegros Conoce Di-s los años… tal como ellos (los piadosos) son íntegros así son sus años íntegros.
A los veinte años era como a los siete en belleza, a los cien era como a los veinte en el pecado”. De esta explicación surge que Sara era completa tanto en sus buenas acciones como en su belleza. Esta combinación entre la integridad en los actos de bien y la belleza exterior requiere explicación. Además, de las palabras del Midrash “como a los siete en belleza” se nota que la perfección de Sara no implicaba sólo la belleza física, sino también su virtud espiritual.
¿De qué manera expresa la belleza física una integridad espiritual?
Unión de Opuestos.
La explicación es la siguiente: La unión entre el alma y el cuerpo material es de dos entes opuestos. El alma es Divina en su misma esencia, y está más allá de los cambios generados por el tiempo y el lugar. En contraposición a ello, el cuerpo material está supeditado a las limitaciones del tiempo y del espacio.
Vemos todos que el cambio en el tiempo y las condiciones del lugar lo afectan y alteran. Cuando vemos a una persona que los años transcurridos y las vicisitudes vividas a lo largo de su vida no dejaron sus secuelas en el cuerpo, esto prueba que en esta persona brilla la luz del alma hasta tal punto que incluso su cuerpo se eleva más allá de sus propias limitaciones y se está nutriendo de la eternidad y del infinito del alma.
Enfrentando la amenaza
En términos generales, cuando el Judío debe enfrentar a un medio que lo rodea y se opone a su fe y valores, tiene tres posibilidades de cómo actuar:
La primera posibilidad- vivir dentro de la sociedad e interactuar con ella, e inclusive inclinándose a verse influenciado por ella, sólo que habiendo tomado la firme determinación de pasar la prueba, logra sobreponerse a sus influencias negativas.
Una segunda posibilidad es aislarse de la sociedad y cortar con ella, de manera de no verse afectado en nada por ella.
El defecto que hay en ambas posiciones es que la sociedad sigue siendo una amenaza, y él está en una situación de enfrentar la misma lo que hace a través de su decisión y firmeza o a través de cortar los lazos.
La tercera posibilidad es que el Judío irradie a su alrededor con tanta fuerza hasta convertirse en la figura que lidera e influencia a todos en su derredor.
Ahí no hay ya posibilidad de verse influenciado por los que lo rodean. Este es el nivel más elevado y perfecto.
Cuando la sociedad deja de ser una amenaza a sus valores y conducta en el camino de la Torá, siendo que es él quien la moldea y forma de acuerdo a sus principios Judaicos.
Un Receptor de la Luz del Alma
También en el “forcejeo” que existe entre el cuerpo y el alma caben entre estas tres tesituras: Está la posibilidad de enfrentar los intentos de seducción del cuerpo por medio de decisiones firmes.
Si es por él se dejaría llevar por los deseos del cuerpo, sólo que gracias a su firme resolución y determinación logra vencerlos. Otra postura es la de cortar con los temas corporales y sumergirse totalmente en lo espiritual.
El resultado será que el cuerpo y sus deseos no tendrán influencia sobre el hombre siendo que el hombre se desliga totalmente de lo material.
Pero en ambos casos el cuerpo permanece como una entidad independiente, en un estado de amenaza constante al alma, y ésta debe medirse con esta hostilidad por medio de la determinación o por medio del corte total.
La verdadera perfección consiste en que el hombre fortalezca tanto la luz del alma hasta que el cuerpo se anule y se someta totalmente al alma.
En esta circunstancia, el cuerpo se convierte en un receptor e instrumento de la luz del alma, hasta no tener aspiraciones corporales, convirtiéndose en un canal e instrumento para lograr los deseos espirituales del alma.
Este era el nivel de perfección de Sara, la Matriarca:
Su alma brillaba tanto en su cuerpo, hasta tal punto que el cuerpo se convirtió en un receptor e instrumento del alma. Consecuentemente, el cuerpo material absorbió de la fuerza y eternidad del alma, y las variables del tiempo y del lugar no afectaron y no mellaron la belleza de Sara.
Resulta entonces, que la belleza de la matriarca Sara en realidad expresaba su belleza espiritual y su integridad en los actos de bien y en la vida del alma, hasta que la perfección del alma se expresaba también en la perfección del cuerpo. (Likutei Sijot tomo 5, Pág. 92).
Fuentes: