El primer Shabat del ciclo anual de lectura de la Torá, en el que se lee la sección de la Torá de Bereshit (“En el Principio”).
La lectura semanal de la Torá es lo que define la semana Judía, y sirve como guía y punto de referencia para los eventos, hechos y decisiones de la semana; el Rabino Schneur Zalman de Liadi lo llamó “vivir con los tiempos”. Por lo tanto, el tema y el tono de esta semana es el de un comienzo y una renovación, al iniciar un nuevo ciclo de vida de la Torá.
Los Rebes de Jabad decían:
“Como uno se establece en Shabat Bereshit, así sucede el resto del año”.
Entonces dijo Dios: “Hagamos a la humanidad a nuestra imagen, a nuestra semejanza, para que pueda reinar sobre los peces en el mar y sobre las aves en el cielo, sobre el ganado y todos los animales salvajes, y sobre todas las criaturas que se desplazan sobre el suelo.”
Entonces Di-s creó la humanidad a Su propia imagen, en la imagen de Dios Él la creó; macho y hembra Él los creó. (Génesis 1:26-27).
Thomas Jefferson: “Todos los hombres son creados iguales, son dotados por su Creador con ciertos derechos inalienables
John F. Kennedy :“Los derechos del hombre no provienen de la generosidad del estado, sino de la mano de Dios”.
Los primeros capítulos del Génesis se centran en dos historias: la primera es Adán y Eva; la segunda, Caín y Abel. Ambas tratan de un tipo específico de fracaso. Primero, Adán y Eva. Como sabemos, ellos pecan. Avergonzados, se esconden, sólo para descubrir que uno no puede esconderse de Di-s.
Dios tiene una estrategia comercial: La Torá, que el Midrash llama “el plan de Di-s para la creación”. Cataloga las ganancias que el Creador desea obtener de Su empresa.
Las leyes de la Torá detallan lo que se debe y lo que no se debe hacer, para salvaguardar la inversión divina en la creación y asegurar su “rentabilidad”.
Pero el primer día de negocios de la historia, el plan salió mal. Adán y Eva, al comer del fruto del Árbol del Conocimiento, violaron la primera mitzvá (mandamiento divino) que se les había ordenado. Su acción puso en peligro toda la empresa, desatando un caos de bien y mal sobre el mundo controlado y ordenado en el que nacieron.
Un Llamado a la Humanidad:“¿Dónde estás?”.
El Señor Dios llamó al hombre: “¿Dónde estás?”. Él respondió: “Te escuché en el jardín, y tuve miedo porque estaba desnudo; así que me escondí”. Y dijo: “¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol del cual te ordené que no comieras?”. El hombre respondió: “La mujer que me diste me dio del árbol, y yo comí”. Entonces el Señor Dios le dijo a la mujer: “¿Qué es lo que has hecho?”. La mujer respondió: “La serpiente me engañó, y comí”.
Nadie quizo asumir su responsabilidad.
¿En estos tiempos moderno, estamos asumiendo nuestra responsabilidad ?
¿Estamos escuchando el llamado de Di-s?
El mandamiento más famoso del Judaísmo es Shemá Israel, “Escucha, Israel”. Lo que hizo que Abraham, Moisés y los profetas fueran diferentes de sus contemporáneos fue que oyeron la voz que para otros era inaudible. En una de las grandes escenas dramáticas de la Biblia, Dios le enseña a Elías que Él no está en el torbellino, el terremoto o el fuego, sino en la “voz suave y apacible”.
I Los Reyes 19:11-12
Y Él dijo: “Sigue adelante y párate sobre el monte, delante del Eterno”. Y he aquí que paso el Eterno, y un viento grande y fuerte sacudió las montañas y rompió en pedazos las rocas delante del Eterno, pero el Eterno no estaba en el viento. Y después del viento sobrevino un terremoto pero el Eterno no estaba en el terremoto.
12 Y después del terremoto sobrevino un fuego, pero el Eterno no estaba en el fuego. Y después del fuego, fue una voz suave y apacible.
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¿Por qué fuimos creadas?
Nosotros, de las formas de vida conocidas hasta ahora, somos los únicos que tenemos libre albedrío, elección y responsabilidad moral.
Es esta compleja capacidad de hablar, pensar y elegir entre cursos de acción alternativos lo que es a la vez nuestra gloria, nuestra carga y nuestra vergüenza. Cuando hacemos el bien, somos un poco inferiores a los ángeles. Cuando hacemos el mal caemos más bajo que las bestias. ¿Por qué entonces Dios se arriesgó a crear la única forma de vida capaz de destruir el orden que Él había creado y declarado bueno? ¿Por qué Di-s nos creó?
Di-s vio que la maldad de la humanidad en la tierra iba en aumento. Todo impulso de su pensamiento más íntimo era sólo para el mal, todo el día. Dios se arrepintió de haber creado al hombre en la tierra, y se sintió dolido en lo más profundo de su ser. – Génesis 6:5-6
La pregunta de los ángeles:
¿Por qué Di-s, conociendo los riesgos y los peligros, creó una especie que podía rebelarse contra Él y lo hizo, devastando el medio ambiente natural, cazando a otras especies hasta extinguirlas, y oprimiendo y matando a sus semejantes?.
Di-s creó a la humanidad porque Di-s tiene fe en la humanidad. Mucho más que nosotros tenemos fe en Di-s, Di-s tiene fe en nosotros. Podemos fallar muchas veces, pero cada vez que fracasamos, Di-s dice: “Incluso a una edad avanzada no cambiaré, e incluso con el pelo cano seguiré siendo paciente.” Nunca me daré por vencido con la humanidad. Nunca perderé la fe. Esperaré el tiempo que sea necesario para que los humanos aprendan a no oprimir, esclavizar o usar la violencia contra otros humanos. Esa, sugiere el Talmud, es la única explicación concebible a por qué un Di-s bueno, sabio, omnisciente y todopoderoso creó una criatura falible y destructiva como nosotros. Di-s tiene paciencia. Di-s tiene perdón. Di-s tiene compasión. Di-s tiene amor.