PARASHA VAYAK-HEL

Adar I 29, 5784 / Marzo 9, 2024

Vayah-Hel, es el manual básico de la Torá sobre cómo construir una comunidad.

Shabbat, Esencialmente Colectivo

 

“Moshé reunió (vayak -Hel) a toda la comunidad de Israel y les dijo: Estas son las cosas que ordenó hacer el Eterno” – (Éxodo 35:1)

“Seis días trabajarás y harás en ella toda tu labor, (10) pero el día séptimo, sábado, lo consagrarás al Eterno, tu Di-s, y ese día no harás labor alguna, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el extranjero que está en tu casa.”

Al colocar a la comunidad en el corazón de la vida religiosa y al darle un hogar en el espacio y el tiempo – la Sinagoga y el Shabbat, Moisés estaba mostrando “EL PODER DE LA COMUNIDAD PARA EL BIEN”, ya que, en el episodio del becerro de oro habían mostrado su poder para el mal.

El Espíritu Comunitario

 

Volvemos a ver cómo se  crea comunidad logrando que se hicieran contribuciones personales a un proyecto colectivo, el Mishkan, el Tabernáculo. 

EXODO 35:4-29

Y le dijo Moisés a toda la congregación de los hijos de Israel: “Esto es lo que ordenó el Eterno: (5) Brindad vuestras ofrendas al Eterno. Todo hombre de corazón generoso traerá la ofrenda al Eterno: oro, plata y cobre bruñido; (6) tejido teñidos de celeste, púrpura y carmesí; lino fino, pelo de cabra,…

En una comunidad, los individuos siguen siendo individuos, su participación es esencialmente voluntaria: “todo hombre de corazón generoso, traiga una ofrenda”. Se valoran sus diferencias porque significa que cada uno tiene algo distintivo que aportar. Unos dieron oro, otros plata, otros bronce. Algunos traían lana o pieles de animales. Otros regalaban piedras preciosas. Otros sin embargo aportaron su trabajo y sus habilidades.

Lo que los unía no era la dinámica de la multitud en la que estamos atrapados en un frenesí colectivo, sino más bien un sentido de propósito común, de ayudar a crear algo que era más grande de lo que cualquiera podría lograr por sí solo. Las comunidades construyen; “no destruyen”. Sacan lo mejor de nosotros, no lo peor.

 Se hablaba de aspiraciones más elevadas, como construir un hogar simbólico para la Presencia Divina entre ellos.

Al ordenar a Moshé que consiguiera que el pueblo construyera el Tabernáculo, Di-s en realidad estaba diciendo: Para convertir a un grupo de individuos en una Nación del Pacto, deben construir algo juntos.

 

“La libertad no puede ser conferida por una fuerza externa. Solo  puede lograrse mediante un esfuerzo colectivo y colaborativo por parte de la propia gente. De ahí la construcción del Tabernáculo. Un pueblo se hace haciendo. Una nación se construye, construyendo”.

BETZALEL

El Artista de Di-s.

El artesano que utilizó todas sus habilidades

para la mayor gloria de Di-s.

 

El nombre Betzalel significa “a la sombra de Di-s”. 

Éxodo 37

“Lo he llenado de Mi espíritu de inteligencia, en saber y en toda labor, para concebir proyectos,…”

“Le he dotado de un espíritu divino de destreza, habilidad y conocimiento en toda clase de oficio; para hacer diseños para trabajar en oro, plata y cobre,..”

 

EL DI-S INVISIBLE QUE TRASCIENDE EL UNIVERSO

Dada la intensa conexión –hasta alrededor del siglo XVIII– entre el arte y la religión, la creación de imágenes se consideraba potencialmente idólatra. De ahí el segundo de los Diez Mandamientos:

“No te hagas ninguna imagen tallada, ni semejanza de ninguna criatura que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni bajo las aguas”.

Sin embargo, tenemos símbolos como tzitzit y tefillin. Según los sabios, existe una meta-mitzva conocida como sidur mitzva; “embellecer la orden”, para tratar de garantizar que todos los objetos utilizados en la ejecución de una orden sean lo más hermoso posible.

La literatura, la pintura y la escultura dan expresiones materiales a todos los conceptos espirituales implantados en las profundidades del alma humana, mientras una sola línea escondida en las profundidades del alma no haya recibido expresión exterior, es tarea del arte sacarlo a la luz. 

Olat Re-ayah, II,3

Ver un mundo en un grano de arena,

Y un cielo en una flor silvestre,

Sostener el infinito en la palma de la mano,

Y la eternidad en una hora.

El arte es la sombra que proyectada por el resplandor de Di-s  inunda todo.

Y como dijo Goethe: “Donde hay mucha luz, la sombra es profunda”.

Cuando el arte nos permite ver lo maravilloso de la creación como obra de Di-s, y la persona humana como imagen de Di-s, se convierte en una parte poderosa de la vida religiosa.

Los griegos creían en la santidad de la belleza.

Los Judíos creen en la belleza de la santidad. No el arte por el arte, sino el arte como revelación del arte supremo del Creador.

El arte añade asombro a la fe.

 

Vayak-Hel, por lo tanto, no es un episodio cualquiera en la historia de Israel. Marca la idea esencial para salir de la crisis del becerro de oro. Encontramos a Di-s en la comunidad. Desarrollamos la virtud, la fuerza de carácter y el compromiso con el bien común en comunidad. La comunidad es local. Es una sociedad con rostro humano. 

No es gobierno. No es a la gente a quien pagamos para que se ocupe del bienestar de los demás. Es el trabajo que hacemos nosotros mismos, juntos.

“El gran peligro en una democracia, decía Tocqueville, es el individualismo. Las personas llegan a preocuparse por sí misma, no por los demás. En cuanto a los demás, el peligro es que la gente deje su bienestar al gobierno, un proceso que termina en pérdida de libertad a medida que el estado asume cada vez más responsabilidad por la sociedad en su conjunto”.

En una multitud, los individuos pierden su individualidad. Se impone una especie de mentalidad colectiva y las personas se encuentran haciendo lo que nunca consideraría hacer por sí mismas. Charles Mackay habló de la locura de las multitudes. La gente, dijo, “se vuelve loca en manadas, mientras que solo recuperan su sentidos lentamente, uno por uno”. Juntos, actúan en frenesí. Los procesos deliberados normales fracasan. A veces esto se expresa en violencia, otras veces en un comportamiento económico impulsivo que da lugar a auges insostenibles y crisis posteriores. Las multitudes carecen de inhibición y restricciones que forman nuestros controles internos como individuos.

Las protestas, en sí mismas, nunca son suficientes para generar sociedades libres. Pertenecen a la lógica de multitud, no de comunidad.

Mark Zuckenberg en el 2017, “las redes sociales pueden contribuir a la división y el aislamiento”. De hecho, cuando se utilizan para señalar virtudes, avergonzar o confrontar agresivamente, pueden crear una nueva forma de comportamiento de masa: EL REBAÑO ELECTRÓNICO.

En su nuevo libro A Time To Build, Yuval Levin sostiene que las redes sociales han socavado nuestra vida social. “Fomentan claramente los vicios más peligrosos para nuestra sociedad libre. Nos impulsa a hablar sin escuchar, a acercarnos a los demás de manera confrontativa en lugar de amable, a difundir conspiraciones y rumores, a descartar e ignorar lo que preferiríamos no escuchar, a hacer publico lo privado, a simplificar demasiado un mundo complejo, a reaccionar uno ante el otro demasiado rápido y bruscamente. Devoran nuestra capacidad de tolerancia paciente, nuestro decoro, nuestra tolerancia, nuestra moderación”. Estos son comportamientos de masas, no comunitarios.

Hay una asamblea que es disciplinada, orientada a las tareas y decidida. Y hay una asamblea que es una turba. Tiene voluntad propia. Las personas en las multitudes pierden el sentido de autocontrol. Se dejan llevar por una hola de emociones. Los procesos de pensamiento deliberado normales son pasados por alto, por los sentimientos más primitivos o por el grupo. Como dicen los neurocientíficos, existe un “secuestro de las amígdalas”. 

¿Cómo se vuelve a motivar a un pueblo desmoralizado? Cómo se pueden volver a unir pedazos de una nación rota? ese fue el desafío que enfrento Moisés en la parasha Vayah – Hel.

FUENTE:

God’s Shadow

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