
En la Parasha Mishpatim, encontramos una lista de leyes sociales, personales y comunitarias, leyes relacionadas entre el hombre y su prójimo. Podríamos decir que es la sección con tinte legislativo.
“Legislativo”, por medio de leyes como devolver objetos perdidos o preocuparse por la viuda o el huérfano, la Torá construye un marco para llevar a cabo una transformación profunda.

Leyes que promueven el trato humanitario de los esclavos, leyes que hablan de las penas por asesinato, secuestro, asalto y robo; penas civiles por daños, las leyes sobre préstamos, las reglas que gobiernan la conducta de la justicia en la cortes, leyes advirtiendo contra el maltrato de extranjeros; la observancia de las diferentes estaciones y las leyes de las ofrendas de la agricultura que debía ser llevada al Templo en Jerusalem; la prohibición de cocinar carne con leche; el precepto de rezar.
La vida pública y la privada, lo íntimo y lo comunitario, lo visible y lo de “puertas adentro”, tienen el mismo status.

Esto nos lleva al tema del “Apego a la Ley” en contra del “Espíritu de la Ley”. “Apego a la Ley” es realizar un acto porque fue ordenado por la Torá. “Espíritu de la Ley” es realizar un acto por un sentido emocional interno.
Analicemos la caridad por ejemplo. La Torá te ordena entregar el 10% de tus ingresos a caridad (Apego a la Ley), lo que por supuesto nos lleva a desarrollar sentimientos de compasión por otros. (Espíritu de la Ley).
Leyes para vida cotidiana que nos permite acceder al mismo nivel de santidad que lo relacionado a las grandes ofrendas a Di-s.

¿Por qué está escrito al principio de la Parasha :”Y estas son las leyes que habrás de poner delante suyo (Shemot 21,1)? ¿Delante de quién? ¿Delante del pueblo?
Conozcamos en detalle estas leyes:
Shmot – Éxodo 2:1 – 24:18
Tal vez pueda responder a esta pregunta a través de un relato:
Un hombre, su caballo y su perro iban por una carretera. Cuando pasaban cerca de un enorme árbol, cayó un rayo y los tres murieron fulminados. Pero el hombre no se dio cuenta de que ya había abandonado este mundo, y prosiguió su camino con sus dos animales.
La carretera era muy larga, colina arriba, el sol era muy fuerte, estaban sudados y sedientos. En una curva del camino vieron un portón magnífico, todo de mármol, que conducía a una plaza pavimentada con adoquines de oro, en el centro de la cual había una fuente de donde manaba un agua cristalina.
El caminante se dirigió al hombre que custodiaba la entrada: ‘¿Cómo se llama este lugar tan bonito?’, le preguntó. ‘Esto es el CIELO’. ‘Que bueno que hayamos llegado al CIELO, porque estamos sedientos’.
“Usted puede entrar y beber tanta agua como quiera”, y el guardián señaló la fuente. “Pero mi caballo y mi perro también tienen sed…”.
‘Lo siento mucho…’, dijo el guardián, ‘Pero aquí no se permite la entrada a los animales’. El hombre se levantó con gran disgusto, ya que tenía muchísima sed, pero no pensaba beber solo; dio las gracias al guardián y siguió adelante.
Después de caminar un buen rato cuesta arriba, exhaustos, llegaron a otro sitio, cuya entrada estaba marcada por una puertecita vieja que daba a un camino de tierra rodeado de árboles.
A la sombra de uno de los árboles había un hombre tirado en la tierra, con la cabeza cubierta por un sombrero, posiblemente dormía. ‘Buenos días’, dijo el caminante. El hombre respondió con un gesto con la cabeza. “Tenemos mucha sed, mi caballo, mi perro y yo”, dijo aquel hombre sediento.
“Hay una fuente entre aquellas rocas”, dijo el hombre indicando el lugar. “Pueden beber tanta agua como quieran”.
El hombre, el caballo y el perro fueron a la fuente y calmaron su sed. El caminante volvió atrás para dar las gracias al hombre. ‘Pueden volver siempre que quieran’, le respondió.
“A propósito…¿cómo se llama este lugar?”. “Este es el CIELO”, le dijo aquel hombre.
“¿El CIELO? ¡No puede ser! ¡Si el guardián del portal de mármol me dijo que aquello era el CIELO!”.
“Aquello no era el CIELO, era el Infierno”.
El caminante quedó perplejo. “¡Deberías prohibir que utilicen su nombre! ¡Esta información falsa debe provocar grandes confusiones!”.
“¡De ninguna manera! En realidad, nos hacen un gran favor, porque allí se queda todo el que es capaz de sacrificar a su prójimo”.
“Delante de las normas que regulan la relación con Di-s. Ante todo debe el hombre aprender cómo comportarse con su prójimo”.
Sólo entonces estaremos cerca del CIELO. – Kli Iakar, Rabí Efraim Lunshitz

Referencias:
jpost.com/not-just-news/parashat-mishpatim- justice-and-compassion-can-they-go-together-482408
Espiritualidad Terrenal
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